5/10/09

Durante los años ’40, la animación vivió una época dorada: los estudios la financiaban, la guerra ofrecía temas de variedad internacional, los rebeldes abrían sus propias productoras. Pero los tiempos cambiaron, y muchos de esos cortos son hoy vetados por supuestas incorrecciones políticas. Un ciclo como el de la semana que viene hace justicia, los rescata y devuelve sensatez a la situación.
Por Mariano Kairuz
("...") Para empezar, el corto El corazón delator, producción del estudio UPA, fundado en 1940 por desertores de Disney que se oponían a la línea realista de su ex empleador, y pusieron en marcha una nueva escuela gráfica súper estilizada que dio maravillas como ésta, adaptada de Poe y narrada por James Mason. Y para seguir, el primer combo de “prohibidos”: dos cortos producidos por la Warner en los años de gloria de su departamento de animación, protagonizados por un pequeño cazador negro y el minah, un raro pájaro parecido en el dibujo a un cuervo, que camina acompasadamente al ritmo de la obertura de La gruta de Fingal, de Mendelssohn. Del puñado de cortos que protagonizaron estos personajes a lo largo de los ‘40 se verán dos: Inki y el león e Inki el cavernícola, ambos del legendario Chuck Jones. Y, a decir verdad, es difícil discernir por qué se los ha acusado de promover estereotipos racistas: ese nene africano de labios prominentes y hueso en la cabeza no es el Africa, sino apenas un personaje selvático que hace reír por el timing perfecto de sus desventuras y sus accidentes físicos. El otro corto censurado, y recuperado por Nocturna, será el mítico Blanca Negrita y los Siete Negritos (Coal Black and de Sebben Dwarfs, 1943), de otro talento mayor de los Looney Tunes y las Merrie Melodies: Bob Clampett. Versión libre del cuento de los Grimm, musical de temas de jazz con voces de estrellas negras, sugerentemente sexual y repleto de alusiones a los tiempos de guerra que corrían (los siete enanos son soldados), se lo acusó de racista por la descripción grotesca de sus personajes –el príncipe “Encantao” tiene dos dados por dientes, y no faltó quien leyera en ese detalle de caricaturización el cliché del negro juerguero que cundía en algunas películas– y por la inclusión de una organización mafiosa que mata a sus víctimas “por un dólar, medio si son enanos, gratis si son japoneses (japs)”. Para algunos historiadores, se trata de la mejor obra de Clampett, que era amigo de varios de los músicos más importantes de la escena californiana y volcó acá su fanatismo por el hot jazz. Pero la paranoia generada por todo lo que recordara aunque fuera remotamente al blackface (las imitaciones de negros por blancos con las caras pintadas al carbón, a la manera de Al Jolson en el Cantor de Jazz), llevó a que hasta un recurso clásico del dibujo animado como era la cara carbonizada de un personaje que acaba de recibir un escopetazo frontal, fuera leído como un chiste racista. ("...")

Lee la nota completa en: http://recursosculturales.com.ar/blog/?p=812

3/10/09




La nueva película donde participa Tatsuya Fujiwara quién interpretara a Yagami Light, se llama Kaiji Jinsei Gyakuten Geemu, una película basada en el manga de Nobuyuki Fukumoto, donde vemos a Kaiji Ito envuelto en una trama de apuestas, juego y mucha emoción. Una deuda que hay que pagar a toda costa y mucha intriga es lo que caracteriza ésta cinta que viene a meternos en una atmosfera de traición y mucha espectativa. En cines japoneses a partir del 10 de Octubre
podes ver el trailer en la pagina fuente:

http://www.vsmedios.com/cine/2009/09/23/una-nueva-pelicula-para-los-cines-japoneses-kaiji-jinsei-gyakuten-geemu/





















El cine japones
empezó a ser conocido en Occidente cuando «Rashomon», de Akira Kurosawa, ganó el primer premio del Festival de Cine de Venecia en 1951. Ese León de Oro fue el impulso que le permitió salir de su aislamiento fílmico; aislamiento provocado por la incapacidad industrial para exportar su producción y no por razones de calidad, ya que el del Japón siempre fue un cine espléndido. En ese momento se descubrieron afuera las películas de Kenji Mizoguchi, Yasujiro Ozu, Teinosuke Kinugasa, Kon Ichikawa, Hiroshi Inagaki, Masaki Kobayashi, Tadashi Imai, hasta entonces insulares. Y es que a lo largo de su historia el cine japonés se desarrolló en condiciones de relativa inferioridad industrial y tecnológica. Algunos historiadores afirman que mediaron por lo menos diez años de retraso entre los logros de las industrias europeas y norteamericana y el cine japonés. Ese desfase no sólo produjo un retraso material sino también la inadecuación a las reglas sintácticas y dramáticas que los cines occidentales impusieron como modelo canónico de la realización fílmica en el mundo.
Así, por ejemplo, razones culturales impidieron que las mujeres encarnaran personajes o cumplieran todo tipo de roles dramáticos en los filmes japoneses hasta mediados de los años veinte. Los papeles femeninos eran interpretados por personajes varones denominados oyama. Este transvestismo le dio al cine silente del Japón aires de convención y ritualidad muy marcados. Al sacrificar la naturalidad y la autenticidad en la representación (productos del naturalismo y espontaneidad convertidos en códigos expresivos fundamentales de los cines occidentales que se forjaron hasta 1915, aproximadamente) el cine japonés se mantuvo atado a raíces teatrales muy antiguas, equivalentes de alguna manera a las del teatro isabelino, donde los hombres también desempeñaban los roles femeninos.

Ello condicionó la percepción de los espectadores japoneses, que educaron su relación con el cine a partir de esa aceptación de códigos no naturalistas de representación.
Por otro lado, el cine japonés silente solía usar narradores para explicar los detalles de los filmes a la audiencia. Se les llamaba benshi. Parados al lado de la pantalla, los benshis explicaban las películas con palabras y conceptos pero también apelando a gestos y sonidos propios de un código de comunicación no verbal muy elaborado y con muchas raíces en la cultura japonesa. La presencia del benshi suprimió la necesidad de incluir intertítulos y permitió que el cine japonés desarrollara una retórica fílmica distinta a la fundada por el norteamericano D.W. Griffith, gran padre de la sintaxis del cine, forjada en películas como «El nacimiento de una nación» e «Intolerancia».

Se dice que el comentario del narrador o benshi era una convención derivada del teatro Kabuki. Lo cierto es que los filmes se volvieron dependientes de un interlocutor humano, lo que trajo consigo la convicción de que el cine tenía un discurso convencional que confiaba parte de su expresividad a una voz ajena a la ficción, exterior a la proyección, manifestada a modo de un «stream of consciousness» generado más allá de los marcos de la historia fílmica. Lo que, por cierto, contradecía la concepción cerrada, autónoma, definitiva de las películas occidentales, que se explicaban por las imágenes y los textos incorporados como partes de ellas.

Además, mientras el cine occidental consolidó su forma expresiva a partir de la transacción entre un guión escrito y su realización, el cine japonés se basó en estilizaciones de sus artes visuales y teatrales. No sólo el oyama y el benshi llegaron del teatro, sino también la distinción entre dos tipos de protagonistas. Uno fue el tateyaku: héroe fuerte, impulsivo, poderoso y viril como Toshiro Mifune; el otro fue el más frágil nimaime, es decir el segundo protagonista del Kabuki, que hacía las veces de un ser dubitativo. Muchas películas japonesas del período clásico están basadas en la oposición entre estos personajes, repetida una y otra vez, con la regularidad de una convención genérica.

Las películas japonesas siempre se agruparon en géneros y ciclos. La división genérica básica se da entre los jidai-jeki, que son los filmes ambientados en el pasado histórico, por lo general en el período feudal antes de la restauración Meiji, y los gendai-jeki, que son filmes sobre la vida contemporánea. Al interior de estos grandes géneros se dan muchos subgéneros. Por ejemplo, el jidai-jeki trata diferentes períodos y eras de la historia japonesa, como «Rashomon», que transcurre durante el siglo XII, o acaso las obras maestras de Kenji Mizoguchi, como «Ugetsu Monogatari», «Los amantes crucificados» o «El intendente Sansho». A su turno, los gendai-jeki presentan retratos de costumbres sociales, retratos familiares, cintas de yakuza -es decir de gangsters-, o comedias juveniles ambientadas en épocas actuales.

Esas tradiciones, pero también algunas de esas variedades genéricas, murieron lentamente (los oyama se pusieron en huelga en 1922 cuando percibieron que serían reemplazados por mujeres, mientras que los benshi desaparecieron con la llegada del sonido, hacia 1928), pero dejaron huellas más o menos profundas al interior de la industria fílmica japonesa y también afuera. A los ojos de un espectador occidental, el cine japonés tuvo siempre los rasgos de un cine remoto, lleno de convenciones extrañas y con una manera peculiar de enfrentar la realidad.

En efecto, buena parte del cine clásico japonés -sobre todo el realizado antes de la segunda guerra mundial- capturó o filmó la realidad desde una posición frontal casi imperturbable, que rehuía la oblicuidad de la mirada propia del cine occidental. Las tradicionales tomas largas y sostenidas del cine japonés muestran a los actores formados en grupos mientras conversan o discuten. Es raro ver en ellas un diálogo filmado en plano-contraplano, es decir mediante la sucesión alternativa de los rostros de los interlocutores, que es el modo central de articulación dramática de una interlocución en el montaje del cine occidental. Eso explica la impresión de lentitud expositiva que provocan esas películas a los ojos de un espectador educado en las convenciones mucho más dinámicas (encuadres variados en tiempo, tamaño y distancia; multiplicación de ángulos de toma; sucesión intensa de planos de diversa escala) del cine norteamericano.

En la extinción de esas tradiciones jugó un papel central la llegada del sonido y luego de la segunda guerra mundial. Al acabar la guerra las fuerzas de ocupación americanas prohibieron el tratamiento de algunos temas, sobre todo los vinculados a asuntos ambientados en el período militarista feudal, a la vez que fomentaban las cintas de exaltación de los valores de la vida
democrática.

En ese momento el cine japonés se abrió a diversas influencias y tradiciones venidas de otros lados. Y ello coincidió con el florecimiento de muchas cinematografías occidentales. El brote de juventud y novedad, impulsado ya por los neorrealistas italianos desde 1945, condujo hacia nuevas experiencias y sensaciones. Las inquietudes intelectuales de la posguerra se sintieron en la aparición de filmes rodados en las calles y con equipamiento ligero. La industria cinematográfica japonesa aprovechó la apertura de nuevos mercados para filmes de origen diverso y sin capitales norteamericanos en su producción.

La década de los cincuenta se convirtió en una era muy rica y variada. Floreció la industria y maduró la expresión de varios directores entre los que destacó Akira Kurosawa (nacido en Tokio, 1910). Akira Kurosawa es el director japonés más conocido en Occidente. No sólo porque recibió influencias del cine francés, de la literatura inglesa y rusa, y de directores norteamericanos como John Ford, William Wyler o George Stevens. También porque trabajó dentro de la cobertura ofrecida por los Jidai-jeki y Gendai-jeki, esas vertientes dramáticas tradicionales del Japón, pero impuso a su interior un tratamiento cercano al del cine de géneros occidental. Una cinta como «Los siete samurais» está muy cerca del western y tomó los códigos de la iluminación y la escenografía expresionistas del cine negro en películas como «Perro rabioso».

Los premios otorgados a «Rashomon» no sólo reivindicaron el valor de un cine que había perdido su autoestima con la derrota bélica; también fueron el reconocimiento a un director como Kurosawa que apostaba por la búsqueda formal al contar una historia criminal a través de las cuatro versiones diferentes de los hechos ofrecidas por sendos testigos. Hubo también un efecto de reconocimiento cultural en la concesión de esos premios por el jurado veneciano y el de otros festivales: como Pirandello y Faulkner, «Rashomon» trataba el viejo tema de la relatividad de la verdad y lo ilusorio de las apariencias.

Pero Kurosawa también deslumbró por sus películas de samurais. Las más celebradas fueron «Los siete samurais», «La fortaleza escondida» y «Yojimbo». La primera es una variación del tema clásico de la lucha de los campesinos contra los grandes propietarios agrícolas que también reconocemos en el cine del Far West norteamericano. Con la diferencia de que en el film de Kurosawa se enfrentan los campesinos contra los bandidos que amenazan la prosperidad de la aldea. Y como en el western, en esta cinta vemos la preparación bélica de un grupo de especialistas, el adiestramiento para el combate y el desarrollo de un código de lealtades grupales. A su turno, «Yojimbo» es la historia del espadachín contratado que llega a un pequeño pueblo desgarrado por la lucha entre dos facciones criminales y termina por derrotar a ambas partes. Una matriz argumental en la que se reconoce el fundamento de «Por unos dólares más» y «Por un puñado de dólares», las películas de Sergio Leone que lanzaron a la fama a Clint Eastwood. El estilo épico y dinámico de Kurosawa influyó en muchas películas norteamericanas posteriores, desde «Los 7 magníficos», de John Sturges hasta «Guerra de las galaxias» cuya trama, según lo reconoció el propio George Lucas, está derivada de «La fortaleza escondida». Su influencia llegó también a América latina, donde el brasileño Glauber Rocha llevó la mitología samurai al nordeste de su país en cintas como «Dios y el diablo en la tierra del sol» y «Antonio das Mortes».

Dentro de esa misma línea de jidai-jekis o filmes de época, Kurosawa adaptó dos clásicos dramáticos occidentales, «Macbeth» de Shakespeare y «Los bajos fondos» de Máximo Gorki. En ambos casos trasladó las historias originales a momentos diversos de la historia japonesa. Su adaptación de Shakespeare se llamó «Trono de sangre» y es uno de sus filmes más potentes desde el punto de vista de la concepción visual. Otra versión de Shakespeare es «Ran», una adaptación de «El rey Lear» convertida en un drama íntimo pero también en un filme épico y estilizado que, como «Kagemusha, la sombra del guerrero», evoca las imágenes del apocalipsis bélico, variantes de las hecatombes de Hiroshima y Nagasaki que tanto lo marcaron y cuya memoria está en la base de varios episodios de su película «Sueños» y en «Rapsodia de Agosto».

Y es que para Kurosawa los filmes de samurais o las cintas de época, sus jendai-jeki, fueron también un pretexto para hablar de la actualidad y acercarse a la realidad social japonesa. Esa realidad que se hacía cada vez más porosa, más abierta a las influencias culturales traídas por las fuerzas vencedoras de la segunda guerra mundial. Las imágenes, los ritmos, las texturas del cine de Kurosawa dan cuenta de la mixtura entre tradiciones muy particulares de su país y su diálogo o contraste con los modelos narrativos occidentales. Desde el western que asimila la tradición del relato caballeresco y lo aclimata al mundo de los pioneros y los conquistadores del nuevo mundo americano, hasta los arquetipos del poder y la miseria, de la ambición y la pasión que modelaron Shakespeare y Gorki.
Lo mismo ocurre con una película como «Vivir», que es la historia de la agonía de un viejo funcionario público que está enfermo de cáncer y del recuerdo de su figura, luego de la muerte. «Vivir» es, como lo dice el crítico francés Jacques Lourcelles, la más occidental de sus películas: por la noción de itinerario recorrido, que es a la vez una ruta de aprendizaje moral, pero también por la búsqueda de los cambios permanentes de tono que pasa de la alegría explosiva, «de la fuerza salvadora en la desesperación, que evoca a Henry Miller», a un sentido claro de lo melodramático.
Mucho se ha discutido sobre el carácter pro-occidental del cine de Kurosawa. En Japón se le reprochó esa característica. Lo cierto es que el cine de Kurosawa es producto de un momento específico de apertura de una industria cerrada a los aires del tiempo. A caballo entre sus tradiciones y las fuentes de su formación cultural, Kurosawa alternó el dinamismo de la acción dramática y el enfoque humanista de sus temas. Y esa alternancia se encuentra por igual en sus películas épicas feudales como en sus dramas modernos como «Dodes'kaden». Fascinado por los problemas sociales describió de modo realista las conductas de la gente, pero nunca perdió de vista que el cine es también una forma de entretenimiento. Por eso algunas de sus películas combinan la acción física y el humor, el espectáculo y la tragedia. Pero lo que le interesó sobre todo es tratar la dimensión casi lacerada de personajes enfrentados a destinos hostiles, desconocidos, sea a causa de la vejez, la enfermedad, la naturaleza agreste, o a un entorno violento, como puede verse en películas como «Madadayo», «Vivir», «Dersu Uzala» o «Dodes'kaden». Y esos son motivos universales que relativizan cualquier diferencia insalvable de comprensión entre dos culturas. (*)




(*) Fuente: Ricardo Bedoya, "El cine japonés y Kurosawa", en Revista Imaginario, Número 26, dirigida por Roque González, Buenos Aires, 2002.
www.geocities.com/imaginariocine
http://www.temakel.com

Al hablar de los antecesores de la historieta, es inevitable nombrar a los antiguos egipcios, que representaban muchos de sus mitos en dibujos y jeroglíficos que realizaban sobre hojas de papiro, y también hacían murales en forma de tira, que incluían imagen y texto. Otros ejemplos son las cristaleras, el tapiz de Bayeux, las bandas que rodean las columnas romanas conmemorativas (como la Trajana o la de Marco Aurelio), los retablos medievales (con los que, mediante imágenes, se explicaban al pueblo historias, crímenes y sucesos en general), los dibujos de las civilizaciones precolombinas (como los códices, pintados por los mayas y los aztecas) e incluso las primitivas pinturas rupestres. A estos ejemplos citados se pueden agregar algunas obras pictóricas de Hyeronnimus Bosh, Brueghel o Goya, las cuales adquieren un carácter narrativo. Pero quizás los antecedentes más cercanos a la historietas sean las Aucas y Aleluyas, destinadas fundamentalmente a satisfacer las necesidades de instrucción de niños y adolescentes. Estas publicaciones, que comenzaron a editarse en Francia a partir de 1820, se caracterizaban por narrar pequeños cuentos y aventuras mediante ilustraciones, aunque, a diferencia de la historieta, los textos no se integraban orgánicamente dentro de los dibujos, sino que se adicionaban a modo de explicación complementaria al pie de los grabados. Sin embargo, la historia del cómic se relaciona más correctamente con la de la imprenta y la caricatura. La historieta (que nace casi al mismo tiempo que el cine) pronto desarrollará su particular lenguaje icónico, y las primitivas viñetas, todas del mismo tamaño y con los textos al pie o tímidamente incluidos en el dibujo, serán sustituidas por viñetas de diferentes tamaños y situación y, sobre todo, evolucionarán rápidamente los modos y alcances de los textos. Estos se incluirán, casi desde el principio, en globos o bocadillos; su particular forma, así como el tamaño y dibujo de las letras, constituyen, por sí solos, todo un modo de expresión independiente. El uso de onomatopeyas, escritas con grandes letras, ciertos símbolos ya universalmente aceptados (como una sierra cortando un tronco para indicar sueño o una bombilla que se enciende para explicar que el personaje ha tenido una idea) tienen un alcance comunicativo que difícilmente puede lograr otro medio de expresión. Inicialmente estas historietas tenían carácter cómico, de ahí el nombre: cómic-strip (tira cómica).

Fuente: http://www.todohistorietas.com.ar


La animación japonesa a diferencia de la animación americana; tiene bases, objetivos y un público totalmente diferente.



En el mundo, el arte se recrea desde todo tipo de visiones y perspectivas; pinturas, música, escritura, composición, web, etc. Así como tiene todo tipo de formas, también existen disciplinas que intentan unificar todos estos movimientos en una sola y armónica representación



El anime tiene sus inicios como tal alrededor de 1968; a diferencia del comic americano, que data de los años 30. Después de la segunda guerra mundial, Japón queda expuesta a la cultura occidental, la cual empieza a adoptar (Hay que recordar que fue el mismo general Mc Arthur quien dirigió la reconstrucción de Japón). Con tantas nuevas tendencias, muchos pioneros empiezan a recolectar ideas de la novedosa animación americana.


Disney y Warner, las dos grandes escuelas de animación americana alimentan esta corriente combinada con el Manga tradicional japonés, que no es mas que el nombre que se le da a los comics (Manga en Japonés es algo así como "dibujos continuos")



Uno de los pioneros, considerado (erróneamente) por muchos como el creador del Anime es el gran maestro Osamu Tezuka, creador de la serie AstroBoy, siendo el primer anime emitido como serie; con detalles que marcarían la historia, como las piernas alargadas o los grandes ojos. Pero más allá de la animación y la historia se encuentra la cultura, el arte y la creación de una generación.



La comunión de las artes



La animación americana por tradición es simple; ellos mismos crearon sus propias reglas, como que la cámara era estática, los personajes no cambiaban de escenario o era un escenario continuo simple el que se movía mientras los personajes permanecían estáticos. Con Anime inicio la revolución, se empezó a experimentar la cámara que se movía descubriendo detalles de los personajes o la que se alejaba del objeto, revelando algo nuevo al espectador. El anime, al surgir en una situación de pobreza, dio paso a nuevas técnicas como estas para hacer mas barato el proceso sin perder la calidad del resultado.



Es de la primera época (Los 70s) del anime que surgen las primeras series que inician su recorrido por el mundo, Centella, Macross, Mazinger, Candy Candy, etc.

Luego llegan los años dorados del anime (80s), con Saint Seiya (conocido por la desafortunada traducción "Los caballeros del Zodiaco"), Captain Tsubasa (err, "Súper Campeones"), Dragon Ball, etc.



Es en esta era donde empieza a ser mas grande el abismo que divide el anime del comic americano.
Las obras de Warner siempre se caracterizaban por dibujos e historias simples, con personajes cuyos conflictos se solucionaban en un solo capitulo, sin ningún problema mas allá de lo que pasara en el siguiente episodio y esto era obvio porque esas eran obras pensadas para niños.
Disney en cambio desplegaba todo su poder y dinero en grandes animaciones, con un esplendido despliegue de efectos y creatividad (Véase, Fantasía y Fantasía 2000); pero sin que eso llegara a sobrepasar el detalle de sus historias divertidas, simples y con un desenlace rápido y tranquilo



El anime da una vuelta de tuerca a esta tendencia, partiendo de la mismísima base de la literatura del mundo; con historias reales, de personas reales, con conflictos emocionales, con una vida, que pueden perder y deben luchar por mantener
La inyección de realidad que trajo el anime, donde se puede ver la tragedia de la muerte y la riqueza de las relaciones humanas dio una visión distinta al pueblo nipón; donde es natural que existan series de anime para niños, jóvenes, adultos, amas de casa, empresarios y todo tipo de públicos. Lo cual es el primer error de las cadenas televisivas de occidente, que dejan al anime en un espacio "solo para niños".



La maestría de muchas historias del anime hace que incluso leerlas desde los script sea un placer comparable con el de un libro de Charles Dickens o J.R. Tolkien. Tanto así que muchas historias de anime, como "Read or Die", han sido trasladadas a novelas literarias.

La herencia de Osamu Tezuka ha prevalecido intacta al pasar de los años, pero también se han creado nuevos estilos de animación, fotografía y ambientación que con el tiempo tambien han sido incluidas en grandes producciones de Hollywood, como Kill Bill y Matrix.



fuente

http://www.cristalab.com

Historia del anime partes 1 y 2


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1/10/09


Una Geisha (芸者, geisha), pronunciado gueisha es una artista tradicional japonesa. En la región de Kinki los términos geiko (芸妓, geiko) y, para aprendiz de geisha, maiko (舞妓, maiko) han sido usados desde la restauración Meiji. Las geishas fueron bastante comunes en los siglos XVIII y XIX; hoy en día aún existen, pero su número ha disminuido.

Un poco de Historia
Las geishas se originaron como profesionales del entretenimiento; originalmente la mayoría eran hombres. Mientras las cortesanas profesionales brindaban entretenimiento sexual, las geishas usaban sus habilidades en distintas artes japonesas, música, baile, y narración.

Escritura Kanji de la palabra geisha (lit. ‘persona de las artes’)
Las Geishas Actuales
Las geishas modernas aún viven en tradicionales casas de geisha llamadas okiya en áreas denominadas hanamachi (花街 ‘calle de flores’), generalmente durante su aprendizaje, pero muchas geishas experimentadas eligen vivir en sus propios apartamentos. La elegante y alta cultura en la que viven las geishas se llama karyūkai (花柳界 ‘el mundo de las flores y sauces’).

El distrito Gion geiko (hanamachi) de Kioto (Japón)
Las jóvenes con aspiraciones a geisha comienzan su entrenamiento después de completar los primeros años de secundaria o incluso en secundaria o estudios superiores, empezando su carrera en la adultez. Las geishas aún estudian instrumentos tradicionales como:
* el shamisen (三味線, ’shamisen’?)
* el shakuhachi (尺八, flauta de bambú)
* el taiko (太鼓, tambor)
* canciones tradicionales,
* baile japonés clásico,
* sadō (茶道, ceremonia japonesa del té),
* ikebana (活花, arreglos florales),
* literatura
* poesía.

Mirando a otras geishas, y con la ayuda de las dueñas de las casas de geishas, las aprendices se vuelven habilidosas en la compleja tradición de elegir y usar kimono, y en el tratar con los clientes.

Las geishas son contratadas para asistir a fiestas y encuentros, tradicionalmente en casas de té (茶屋, chaya) o tradicionales restaurantes japoneses riotei (料亭, ryōtei?). Su tiempo es medido según lo que se demora en consumirse un palo de incienso (llamado senkodai (線香代, ’senkōdai’?) o ‘palo de incienso tarifario’) o gyokudai (玉代, gyokudai?) (‘joya tarifaria’). Otro término para trazar la tarifa es ohana (flores tarifarias). El cliente hace el convenio a través del sindicato de geishas (検番 kenban), que mantiene el horario de cada geisha y hace sus citas de entretenimiento o entrenamiento.

Su apariencia
Hoy en día, el tradicional maquillaje de la aprendiz de geisha es una de las características más reconocibles, aunque las geishas experimentadas generalmente usan el característico maquillaje de maiko, consistente en la cara totalmente blanca, durante presentaciones especiales.

El maquillaje tradicional de las aprendices de geisha consta de una base blanca (originalmente hecha con plomo), el uso de lápiz labial rojo y adornos rojos y negros alrededor de los ojos y cejas.
La aplicación del maquillaje es difícil de perfeccionar y es un proceso bastante largo. El maquillaje es aplicado antes de vestirse para evitar ensuciar el kimono. Primero, una sustancia de aceite o cera, llamada bintsuke-abura, se aplica a la piel. Luego, un polvo blanco es mezclado con agua para formar una pasta que se aplica con una brocha de bambú. El maquillaje blanco cubre la cara, cuello, pecho y manos, con dos o tres áreas sin pintar (formando una “W” o “V”) cerca de la nuca, para acentuar esta zona erótica, y una zona descubierta de piel alrededor del pelo, que crea la ilusión de una máscara.

Luego que la base es aplicada, una esponja es pasada por la cara, cuello, pecho y nuca para absorber el exceso de humedad y lograr uniformidad en la base. Luego los ojos y cejas son remarcadas. Tradicionalmente se usaba carboncillo, pero hoy en día se utilizan cosméticos modernos. Las cejas y el borde de los ojos son pintados de negro; las maiko además usan rojo alrededor de los ojos.
Los labios son pintados con una brocha pequeña simulando un contorno de labios sensual. El color viene en un palo pequeño que es mezclado con agua. Azúcar cristalizada es añadida para dar brillo a los labios.
Durante los primeros tres años, una maiko usa su maquillaje casi constantemente. Durante su iniciación la maiko es ayudada por su “hermana mayor” (una geisha experimentada que se convierte en su mentor) o la “madre” de su casa de geishas. Después debe aplicarse el maquillaje por su cuenta.

Después que una geisha ha trabajado durante tres años, cambia su maquillaje a un estilo más apagado. La razón es que se ha vuelto más madura, y el estilo simple la muestra en su belleza natural. Para ocasiones formales la geisha madura aún utiliza maquillaje blanco. Para las geishas sobre treinta años, el maquillaje blanco es utilizado solo en bailes especiales que lo requieren.
Vestimenta y Peinados
Las geishas siempre utilizan kimono. Las aprendices de geisha llevan coloridos kimonos con extravagantes obi. Las geishas mayores utilizan estilos y diseños más apagados. También es importante destacar la longitud de las mangas. Las aprendices (maiko) utilizan furisode de mangas que llegan casi hasta el suelo. Según van avanzando de edad y nivel en la profesión, las mangas tornan a tomesode, más cortas y de color más oscuros y de corte más elegante.
El color, diseño y estilo del kimono dependen de la estación y evento en el que las geishas están atendiendo. En invierno, las geishas pueden ser vistas llevando un “abrigo” adornado con seda pintada sobre su kimono. Los kimonos forrados son usados durante estaciones frías, y los normales durante el verano.

La geisha utiliza sandalias de suela baja de madera y laca, llamadas zori y en interiores llevan sólo tabi (calcetines divididos en los dedos). En climas inclementes las geishas utilizan zuecos de madera, llamados geta. Las maiko llevan altísimos zuecos negros, okobo.
Los peinados de las geishas han ido variando a través de la historia. En el pasado, era común para las mujeres usar el cabello suelto en algunos periodos, pero recogido en otros. Durante el siglo VII, las mujeres comenzaron a usar siempre el cabello recogido nuevamente, y fue durante este tiempo que se adoptó el tradicional peinado shimada, un tipo de ‘moño’ usado por geishas experimentadas.
Hay cuatro tipos de shimada: el taka shimada, un gran moño utilizado generalmente por jóvenes solteras; el tsubushi shimada, un chignón más aplastado utilizado por mujeres mayores; el uiwata, un chignon que es vendado con un pedazo de cinta de color; y un estilo que representa un melocotón dividido, usado solo por las maiko.


Estos peinados son decorados con elaborados peines y horquillas. En el siglo XVII y después de la Restauración Meiji, los peines de cabello eran grandes y vistosos, generalmente utilizados por mujeres de alta clase. Después de la Restauración Meiji y en la era moderna, los peines menos vistosos y pequeños se volvieron populares.
Muchas geishas modernas usan pelucas en su vida profesional. Deben ser cuidadas regularmente por artesanos habilidosos. El tradicional arte del peinado está en vías de extinción.
Si te interesa este articulo puedes consultar mucho mas en cosasvariadas

30/9/09

 

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